La startup gallega Marosa ha distribuido cuatro millones de euros entre todos sus trabajadores tras su venta a Wolters Kluwer por 112 millones. El fundador, Pedro Pestana, comunicó la decisión uno a uno a los empleados por orden de antigüedad.
La startup gallega Marosa ha repartido cuatro millones de euros entre su plantilla tras la venta de la compañía a la neerlandesa Wolters Kluwer por 112 millones de euros, una operación que se cerró el pasado agosto, según publica businessinsider.es. El reparto beneficia a todos los trabajadores, desde los más veteranos hasta las últimas incorporaciones, y se fijó una cantidad mínima con independencia del tiempo en la empresa.
El fundador y máximo responsable de Marosa, Pedro Pestana, quiso comunicar la decisión personalmente a cada empleado, de mayor a menor antigüedad. La compañía mantiene su plantilla y conserva su sede en Vigo, según una nota reciente de la propia firma.
"Los primeros empleados confiaron en Marosa cuando todavía estaba casi todo por hacer. Aprendimos juntos y sacamos adelante mucho trabajo con pocos medios. Ver que siguen aquí, después de tantos años, tiene un valor especial para mí"
Marosa se fundó en 2016-2017 y se dedica a comercializar un software que permite a firmas con operaciones en distintos países gestionar el IVA correspondiente a cada área fiscal. En el momento de la operación, contaba con alrededor de 1.000 clientes, procesaba unas 70.000 declaraciones del impuesto al año y rondaba los diez millones de facturación, según los datos de la ya matriz holandesa.
Pestana tiene un máster en Derecho Internacional de los Negocios, el Comercio y la Fiscalidad por el King's College de Londres, y experiencia en E&Y y Deloitte. La startup tuvo una base inicial en Londres y después se asentó en Galicia, donde los comienzos fueron duros y hubo que tirar de recursos propios. En noviembre de 2024 llegó su única ronda oficial, 12 millones de euros, liderada por la estadounidense Aquiline Capital Partners.
El fundador ha invitado a otros emprendedores a hacer algo parecido cuando alcancen el hito del exit, aunque admite que cada proyecto es un mundo. La entrega de una compañía a otra, especialmente cuando el comprador es extranjero, plantea el riesgo de deslocalización, y las decisiones futuras ya no dependerán de un ecosistema creado en casa.
Marosa mantiene su sede en Vigo y su plantilla completa tras la operación, según la información facilitada por la empresa.

