El PIB español supera al de su entorno, pero los indicadores de calidad de vida siguen por debajo de 2008. La renta disponible de los hogares no recuperó el nivel precrisis hasta hace pocos trimestres.
La economía española acumula cuatro años de crecimientos robustos, con datos del INE que superan a los de los principales países de la eurozona. Sin embargo, los indicadores de bienestar de los ciudadanos no han seguido el mismo ritmo, según publica abc.es. El Indicador Multisectorial de Calidad de Vida, encuesta experimental del INE, muestra que en 2024, último ejercicio disponible, las condiciones materiales de vida no habían recuperado los niveles previos a la pandemia y quedaban incluso por debajo de 2008.
Ese indicador, impulsado en su día por Nadia Calviño como alternativa al PIB, se construye con 60 variables. Entre ellas figuran la renta de los hogares, la satisfacción con la situación económica propia, la vivienda o la capacidad para afrontar gastos imprevistos. La renta disponible de las familias no superó la situación anterior a la gran crisis financiera hasta hace apenas unos trimestres. La percepción sobre la conciliación laboral, la seguridad y la calidad de la gobernanza también se mantiene estancada.
«España es hoy un país mejor de lo que era hace ocho años», ha repetido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El encarecimiento de los suministros básicos explica en parte esa disonancia. Alimentos, gas, electricidad y combustible acumulan subidas de hasta el 40% en la cesta de la compra. Los salarios no han compensado ese aumento y la presión fiscal sobre las nóminas ha crecido por la vía del Impuesto sobre la Renta y de las cotizaciones sociales.
El Gobierno ha destinado más de 15.000 millones de euros a escudos contra la inflación, sin unos Presupuestos Generales que los asignaran. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y el Banco de España han señalado que esas ayudas carecían de focalización suficiente y acabaron en grupos de población que no las necesitaban.
Los 160.000 millones de euros de fondos europeos del Mecanismo de Recuperación tampoco han dado los resultados previstos. España renunció a 60.000 millones de financiación barata por su incapacidad para gestionar esos recursos, y no se cumplieron los objetivos de movilización de inversión privada ni de mejora del crecimiento potencial. El Ejecutivo cierra la legislatura sin haber aprobado ni presentado un solo proyecto de Presupuestos Generales del Estado, algo inédito en la democracia.

