El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía española crezca un 2,5% en 2026, cuatro décimas más que en su estimación anterior. Para la zona euro, el organismo calcula un crecimiento potencial de solo el 1,1% a medio plazo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha elevado hasta el 2,5% su previsión de crecimiento de la economía española en 2026, cuatro décimas por encima de la estimación anterior. De acuerdo con la información publicada por Mundiario, el organismo dirigido por Kristalina Georgieva mantiene un diagnóstico más cauto para el conjunto de Europa.
El FMI calcula que el PIB de la zona euro crecerá un 1,1% en 2026, dos décimas más de lo previsto en junio. La cifra llega tras un avance del 1,5% en 2025 y del 0,9% en 2024. Para Alemania, el organismo prevé un 1,3%; para Italia, un 0,8%, y para Francia, un 0,4%.
A medio plazo, el crecimiento potencial de la zona euro se mantendría en torno al 1,1%, frente al 1,3% estimado para el conjunto de la Unión Europea. Según el organismo, la región seguiría avanzando a un ritmo reducido aunque desaparecieran algunas de las amenazas actuales.
La inflación general se acercó al 4% en septiembre, impulsada por el encarecimiento del gas, la electricidad y los carburantes. El FMI prevé una tasa media del 3,1% para 2026 y del 2,8% para 2027. La vuelta a niveles próximos al objetivo del Banco Central Europeo (BCE) se retrasaría hasta 2028, cuando la inflación media se situaría en el 2,2%.
La inflación subyacente ofrece una lectura más favorable, con previsiones del 2,2% para 2026 y del 2,3% para 2027. El riesgo, según el informe, es que el encarecimiento energético se extienda a otros productos y servicios, lo que reduciría el poder adquisitivo de los hogares.
En productividad, el organismo sitúa a Europa por detrás de Estados Unidos. Los activos intangibles y las tecnologías avanzadas han aportado unos tres cuartos de punto porcentual anual al crecimiento de la productividad laboral estadounidense, frente a alrededor de medio punto en la Unión Europea. El FMI también señala la fragmentación normativa, fiscal y jurídica del mercado único y la falta de integración de los mercados de capitales, por la que parte del ahorro europeo acaba financiando proyectos en Estados Unidos.

