Robert Hall y Michael Woodford reciben el Premio Nobel de Economía 2026 por los fundamentos microeconómicos que hoy usan los bancos centrales para decidir sus tipos de interés. Sus modelos explican por qué subir los tipos fue la receta correcta contra la inflación pospandemia.
El Premio Nobel de Economía 2026 ha reconocido a Robert Hall y Michael Woodford, dos economistas cuyos modelos están detrás de las decisiones de política monetaria que toman hoy los bancos centrales. La academia ha premiado sus aportaciones a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica, según recoge merca2.es.
El análisis de Juan Ramón Rallo señala que estos modelos explican por qué, durante el brote inflacionista posterior a la pandemia, subir los tipos de interés fue la receta correcta, y por qué vuelven a ser relevantes ahora que la inflación regresa.
La aportación de Robert Hall, de la Universidad de Stanford, se centró en el consumo. En 1978 publicó un artículo en el que sostenía que si las familias deciden cuánto gastar en función de lo que esperan ganar a lo largo de toda su vida, el consumo actual ya incorpora toda la información disponible sobre el futuro. Solo cambiarán su nivel de gasto si llega información inesperada: un ascenso no previsto, un despido o una herencia súbita.
Si la teoría es correcta, los cambios en el consumo deberían ser impredecibles. Hall lo contrastó con datos estadounidenses y encontró que, en buena medida, se cumplía. Cuatro años después estimó que alrededor del 80% de las familias se comportaban así, mientras que el resto vivía al día, gastando lo que ingresaba.
Michael Woodford completó el edificio teórico. En su libro de 2003 presentó el modelo neokeynesiano de tres ecuaciones que hoy está en el núcleo de los modelos que utiliza cualquier banco central. La primera es la demanda: las familias consumen según sus expectativas de renta futura y según el tipo de interés. Si el banco central baja los tipos, ahorrar rinde menos y se adelanta el consumo.
La segunda es la inflación: las empresas fijan precios sabiendo que no podrán cambiarlos continuamente, así que miran hacia el futuro y no hacia el pasado. Lo relevante no son los costes pasados, sino los esperados y la demanda previsible. La tercera es la regla del banco central: subir los tipos cuando la inflación sube y bajarlos cuando baja.
Todo el esquema gira en torno a una magnitud que nadie puede observar: la producción natural, el nivel que existiría si los precios fueran perfectamente flexibles. La tarea del banco central es llevar a cero la brecha entre producción real y producción natural. Si la real está por encima, la economía está sobrecalentada y hay inflación. Si está por debajo, la inflación cae.
Rallo explica la aplicación que la academia considera exitosa. Ante un shock de oferta negativo, como la subida del precio de la energía o el colapso de las cadenas de suministro tras la pandemia, la capacidad productiva cae. Si la demanda no cae al mismo ritmo, la economía produce por encima de su nivel natural. Aunque haya contracción, la economía puede estar recalentada y aparece la inflación.
El viejo keynesianismo vería recesión y pediría estímulos. El modelo de Woodford dice justo lo contrario: subir los tipos para que la inflación no se descontrole.
Ante un shock negativo de oferta, estimular la economía no genera una recuperación sostenida: lo que genera es inflación.
Juan Ramón Rallo
Según la academia, eso explica que en Estados Unidos la inflación superara el 5% durante más de nueve años seguidos en los 70, con un pico del 14,6% en 1980, mientras que en el episodio pospandemia el pico fue del 9% en junio de 2022 y la inflación estuvo por encima del 5% menos de dos años.
El modelo, sin embargo, no encaja al cien por cien con lo que ocurrió. Rallo recuerda que en 2021 los bancos centrales diagnosticaron la inflación como transitoria. Las proyecciones del Banco Central Europeo situaban la inflación esperada en el 1,7% para 2022 y en el 1,5% para 2023. Christine Lagarde repetía que era muy improbable subir los tipos ese año.
Jerome Powell retiró la palabra transitoria ante el Senado en noviembre de 2021, con la inflación ya persistente. La Reserva Federal subió por primera vez en marzo de 2022, con la inflación rozando el 8%, y el BCE en julio, con la inflación por encima del 8% y el tipo de depósito todavía en el -0,5%.

