La presión para que Bruselas revise sus instrumentos comerciales frente a China crece por la competitividad industrial y el apoyo público a determinados sectores. La automoción, la maquinaria y los componentes electrónicos son los más expuestos.
La relación comercial entre la Unión Europea y China vuelve al centro del debate económico, según recoge iberoeconomia.es. Las diferencias sobre competitividad industrial, acceso a los mercados y ayudas públicas a determinados sectores aumentan la presión para que Bruselas revise sus herramientas comerciales.
El asunto afecta sobre todo a la automoción, la maquinaria, los componentes electrónicos y otras industrias expuestas a la competencia internacional. En España, el impacto puede llegar tanto a las empresas exportadoras como a los fabricantes que dependen de componentes importados.
Un endurecimiento de las medidas comerciales podría cambiar los costes de importación, las condiciones de competencia y las decisiones de inversión. El efecto final dependerá de las medidas concretas que apruebe la Comisión Europea y de la respuesta de China.
Proteger a determinados fabricantes europeos puede beneficiarles, pero también encarecer los componentes de otras empresas y, en último término, trasladarse a los consumidores.
Las empresas que operan en ambos mercados deberían revisar sus cadenas de suministro, buscar proveedores alternativos y evaluar su exposición a cambios arancelarios o restricciones comerciales. Las pymes, en particular, deberían seguir las decisiones de la Comisión Europea, comprobar la clasificación arancelaria de sus productos y consultar a especialistas en comercio exterior antes de modificar contratos o precios.

