Meta lanzó Muse el 8 de septiembre y OpenAI activó sus agentes siempre encendidos en ChatGPT tres semanas después. Ambos ejecutan tareas sin supervisión, pero España queda fuera de sus despliegues de consumo.
Meta y OpenAI han intensificado su pugna por el control del asistente móvil con el lanzamiento de Muse y Dot, dos agentes de inteligencia artificial capaces de seguir ejecutando tareas después de que el usuario cierre la aplicación. La información, avanzada por moncloa.com, detalla que ambos productos prometen delegar acciones cotidianas como hacer la compra, rellenar formularios o gestionar viajes, aunque con diferencias notables en precio, disponibilidad y configuración de privacidad.
El lanzamiento de Muse se produjo el 8 de septiembre, mientras que OpenAI activó sus agentes siempre encendidos dentro de ChatGPT tres semanas después. Los dos corren sobre su propio ordenador en la nube y se conectan a servicios de terceros, pero la arquitectura difiere: Muse opera sobre una máquina virtual segura con navegador propio y se maneja desde su aplicación, la web o WhatsApp; Dot vive dentro de ChatGPT, funciona con el modelo GPT-6 Astra y cada agente dispone de su propio ordenador en la nube.
El precio separa a ambos productos con más claridad que cualquier función. Meta cobra 20 y 100 dólares al mes por sus planes Power y Maximum, con una capa gratuita limitada. OpenAI no tiene entrada barata: la opción más económica para un particular es Pro 100, a 100 dólares mensuales, y el asiento Business Premium sube a 125 dólares por usuario y mes si se paga mes a mes (100 con facturación anual).
La privacidad viene configurada a favor del producto en el caso de Muse. Engadget detectó el ajuste de mejora del modelo activado por defecto y un permiso inicial que solo pregunta por algunas acciones sensibles. Meta sostiene que las conversaciones dentro de su máquina virtual no se comparten con sus sistemas publicitarios y que el usuario puede negarse a que sus interacciones entrenen al modelo. OpenAI también matiza: la actividad de los Dots personales puede usarse para mejorar sus modelos según la configuración del usuario, mientras que los datos de empresa no se destinan a entrenamiento por defecto.
Un agente que exige supervisión constante no libera tiempo: traslada la vigilancia de la tarea a la pantalla.
Las capacidades se solapan. Muse hace la compra, rellena formularios, organiza viajes, envía correos y vigila precios. Dot gestiona investigación en curso, se mueve entre aplicaciones conectadas y repite tareas programadas. Ninguno espera una instrucción nueva para seguir avanzando. En la prueba de Engadget, Muse convirtió publicaciones guardadas de Instagram y Facebook en colecciones ordenadas de recetas y restaurantes.
Todo se complica cuando el agente sale del jardín propio. Amazon ha bloqueado a Muse para comprar en su web, y ambas compañías advierten de que sus sistemas se equivocan. Meta exige permiso antes de enviar un correo o cerrar una compra; OpenAI combina permisos, reglas personalizadas y revisión automática.
La geografía es la parte incómoda del lanzamiento. Dot llega a los usuarios Pro elegibles fuera del Espacio Económico Europeo, Suiza y Reino Unido, y el nivel Enterprise sigue en beta, aunque el tramo de empresa ya opera en las regiones compatibles de ChatGPT. Muse solo está disponible en Estados Unidos y Canadá, según la información oficial de Meta AI. Un lector español no puede contratar ninguno de los dos productos de consumo hoy.
El patrón no es nuevo. Los despliegues de inteligencia artificial de Meta en Europa han llegado con retraso frente a Estados Unidos por el escrutinio de las autoridades de protección de datos al amparo del Reglamento General de Protección de Datos. Un agente que lee el correo, abre el calendario y navega con la sesión iniciada del usuario es, para un supervisor europeo, material sensible. El AI Act añade una capa extra de evaluación a los sistemas que actúan de forma autónoma.
Mientras la disponibilidad en España siga bloqueada, los usuarios interesados en estos agentes tendrán que conformarse con las funciones estándar de ChatGPT o esperar a que Meta y OpenAI adapten sus despliegues a la normativa europea.

