El FMI detecta que los subsidios generalizados a la energía se repliegan: casi la mitad de las medidas ya identifican a sus beneficiarios, frente al 30% inicial. España acumula más de 12.000 millones en ayudas.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) constata que los subsidios generalizados para proteger a hogares y empresas del encarecimiento de los combustibles están tocando techo. Según el Monitor Fiscal del organismo, recogido por ecosistemastartup.com, cerca del 50% de las medidas más recientes ya identifican explícitamente a sus beneficiarios, frente al 30% que lo hacía en la primera fase del shock energético.
El desplazamiento es doble: los gobiernos trasladan más el coste energético a los precios internos y aplican políticas para moderar la demanda. Los llamados «escudos fiscales» (subsidios generalizados, rebajas de impuestos y transferencias amplias) pierden peso.
España aprobó a finales de septiembre un tercer real decreto ley dentro del Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio, con un esfuerzo presupuestario acumulado superior a los 12.000 millones de euros, según La Moncloa.
«Los países con mayores reservas fiscales y externas tuvieron más opciones, mientras que aquellos con una deuda elevada o condiciones de financiamiento más restrictivas recurrieron en mayor medida al ajuste inmediato de los precios y a medidas para reducir la demanda», señala el informe.
El documento, elaborado por Era Dabla-Norris (subdirectora del Departamento de Finanzas Públicas del FMI), Antonio C. David, Daria Zakharova y Aleksandra Zdzienicka, apunta un patrón: a mayor deuda soberana y peores condiciones de financiación, más traslado del coste energético al consumidor final.
La deuda pública global alcanzó el 93,9% del PIB en 2025, casi dos puntos más que el año anterior, y se proyecta en el 100% del PIB en 2029, según el Monitor Fiscal del FMI. Con menos espacio fiscal, los subsidios universales se vuelven insostenibles.
La directriz del nuevo responsable de asuntos fiscales del FMI, Rodrigo Valdés, es evitar subsidios a los combustibles y preferir transferencias de efectivo específicas y temporales que no enmascaren el alza.
«No tenemos petróleo. No tenemos energía. La energía tiene que ser más cara para todos, para que ocurra un ajuste y consumamos menos», dijo Valdés a Reuters en abril.
Entre las medidas que aplican los gobiernos figuran racionamientos y exigencias de conservación energética, semanas laborales más cortas y modalidades de trabajo remoto, e intervenciones cambiarias y mecanismos de estabilización financiera.
La eurozona es uno de los bloques más expuestos. El FMI recortó su previsión de crecimiento para 2026 del 1,4% al 1,1% y proyecta un repunte del 19% en los costes energéticos. La inflación global esperada subió al 4,4% y los 21 países del euro están entre los más golpeados por su dependencia del gas importado.
El organismo advierte de que, si la volatilidad energética se extiende hasta 2027, el crecimiento mundial podría caer hasta el 2%, un escenario que obligaría a los bancos centrales a mantener tasas elevadas para combatir una inflación persistente.
Para pymes y autónomos, el FMI recomienda auditar la exposición energética con tres escenarios (precio actual, +19% y traslado completo al consumidor) e incluir cláusulas de indexación energética en contratos B2B de más de 12 meses.

