El río Uruguay alcanza 9,26 metros en Paso de los Libres y supera la marca de evacuación. Los productores trasladan hacienda y piden emergencia agropecuaria ante nuevas lluvias.
La crecida del río Uruguay volvió a encender las alarmas entre los productores ganaderos de Corrientes y Entre Ríos, que desde este 12 de octubre comenzaron a trasladar hacienda y a reforzar las medidas preventivas ante el riesgo de nuevas inundaciones. En Paso de los Libres, el nivel del río alcanzó los 9,26 metros y superó la marca de evacuación fijada en 8,50 metros, según publica agrolatam.com. Las lluvias persistentes y las perspectivas asociadas al fenómeno de El Niño aumentan la preocupación en una de las principales regiones ganaderas del país.
El problema no se limita a los establecimientos ubicados sobre la costa del Uruguay. Cuando el río alcanza niveles elevados, los arroyos y cursos de agua interiores pierden capacidad de desagüe, lo que provoca anegamientos que avanzan sobre campos bajos y áreas productivas. Marcelo Carbonell, expresidente de la Sociedad Rural de Paso de los Libres e integrante de la Comisión de Infraestructura de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes (ASRC), advirtió que podrían registrarse nuevos aumentos del nivel del agua. El escenario genera incertidumbre porque las precipitaciones continúan y los suelos presentan dificultades para absorber nuevos aportes.
La preocupación tiene antecedentes concretos. Corrientes cuenta con extensas planicies donde el agua puede permanecer durante semanas y afectar miles de hectáreas destinadas a la producción ganadera. Los productores recuerdan especialmente las inundaciones de 1997, que dejaron consecuencias sobre la infraestructura y la actividad rural. Frente a la amenaza actual, muchos establecimientos comenzaron a concentrar animales en terrenos elevados, incorporar suplementación alimenticia y buscar campos alternativos. Sin embargo, trasladar rodeos implica afrontar mayores costos de flete, alimentación y arrendamiento, en un contexto en el que todavía resulta imposible determinar la superficie que podría quedar fuera de producción.
Uno de los mayores desafíos es la situación de los caminos rurales, que pueden quedar intransitables por la saturación de los suelos y el deterioro de alcantarillas. Esta dificultad amenaza con impedir el ingreso de camiones y maquinaria justamente cuando los productores necesitan movilizar la hacienda. Carlos Roldán, presidente de la ASRC, explicó que la entidad había advertido al gobierno provincial sobre los pronósticos desde junio y que posteriormente comenzaron trabajos de canalización. También informó sobre gestiones ante el Senasa para establecer un protocolo que agilice los movimientos sanitarios de animales en caso de evacuaciones masivas y evite demoras administrativas durante la emergencia.
Los productores de menor escala aparecen entre los más vulnerables. A diferencia de los grandes establecimientos, muchos no cuentan con recursos suficientes para alquilar campos altos, contratar transporte o sostener durante semanas una alimentación suplementaria. Desde el sector rural recomendaron reducir la carga animal, adelantar destetes y desprenderse de categorías improductivas antes de que el agua complique las operaciones. El riesgo es que una evacuación simultánea provoque escasez de camiones y aumentos en los costos logísticos. Además, la necesidad de vender animales rápidamente podría generar operaciones a valores desfavorables, afectando el capital productivo y la capacidad de recuperación de los establecimientos.
En Entre Ríos, la atención está puesta en la evolución de los niveles de agua aguas arriba y en su posible impacto sobre las islas y los campos ribereños. El productor Raúl Sobrero señaló que todavía no observa una salida generalizada de animales, aunque sí movimientos preventivos de determinadas categorías. Según sus estimaciones, la crecida podría tardar alrededor de 20 días en repercutir en la zona de Isla del Ibicuy, en el sur provincial. La demora entre los registros de los cursos superiores y su impacto aguas abajo alimenta la incertidumbre. Sobrero advirtió que algunos productores podrían estar subestimando el riesgo después de meses de pronósticos que anticipaban condiciones desfavorables.
La situación también abrió un frente institucional. La Comunidad Islera Asociación Civil solicitó la declaración de emergencia agropecuaria ante la posibilidad de que numerosos productores deban desprenderse de sus rodeos por la inundación de campos bajos e islas. La organización alertó sobre el riesgo de ventas forzadas y las consecuencias económicas e impositivas que podrían enfrentar los afectados. En paralelo, las entidades rurales insisten en la necesidad de anticipar decisiones, mantener operativos los accesos y coordinar respuestas sanitarias y logísticas. El impacto de la crecida no dependerá solamente de la altura que alcance el río, sino también de cuánto tiempo permanezca el agua sobre las superficies productivas.
Para la ganadería del Litoral, el desafío va más allá de salvar animales de una inundación puntual. La pérdida de pasturas, los mayores costos de alimentación, las dificultades de transporte y la eventual necesidad de vender hacienda anticipadamente pueden comprometer los resultados de todo el ciclo productivo. La prevención, la infraestructura hídrica y la coordinación entre productores y organismos públicos serán determinantes para reducir las pérdidas. Mientras el río Uruguay mantiene en alerta a Corrientes y Entre Ríos, el sector enfrenta una carrera contra el tiempo: mover los rodeos antes de que el agua cubra los caminos.

