El bloqueo del estrecho de Ormuz ha disparado el precio del Brent, que se sitúa un 63% por encima de su media de agosto. España importa casi todo el crudo que consume, por lo que el encarecimiento llegará a la factura de los consumidores.
Según recoge moncloa.com, el Brent, la referencia del crudo para Europa, cotiza ya un 63% por encima de su media de agosto tras el bloqueo del estrecho de Ormuz. El repunte ha devuelto los futuros a los máximos de mayo.
El cierre se produjo en el momento álgido de los ataques entre Irán y Estados Unidos, un episodio que comenzó a finales de febrero con la ofensiva de Washington e Israel contra Teherán. Además, los hutíes de Yemen han intensificado sus ataques contra Arabia Saudí, el mayor productor mundial de petróleo.
En Europa, el almacenamiento de gas está al 77% de su capacidad máxima, quince puntos por debajo de la media habitual para esta época. Las autoridades comunitarias piden a los Estados miembros acelerar las compras, con un precio del gas que ya duplica el del verano.
Para España, el impacto llega a través del transporte de mercancías, la industria química, la cerámica y el sector agroalimentario, que trabajan con el precio del crudo como coste directo. En el mercado eléctrico, el gas fija el precio de la última tecnología que entra en la subasta, por lo que un barril caro encarece la luz aunque las renovables cubran buena parte de la demanda.
La Corporación de Reservas Estratégicas custodia las existencias mínimas de seguridad de productos petrolíferos, pensadas para emergencias de suministro y no para contener precios. Según la información disponible, las reservas estratégicas se encuentran en mínimos.
España cuenta con una red de plantas regasificadoras entre las mayores de Europa, lo que le permite recibir gas licuado de Estados Unidos, Argelia y Nigeria. Esa capacidad garantiza el suministro, pero no abarata el gas.
A diferencia de 2022, cuando el mecanismo ibérico topó el gas en la generación eléctrica, no existe un tope posible para un estrecho bloqueado. Lo que hay que seguir ahora es el nivel de llenado de los almacenes europeos y la reacción de Bruselas si el precio del gas continúa subiendo.

