El aumento de los costes de financiación pública sitúa a Francia, Italia y Reino Unido en el punto de mira de los inversores, mientras España observa con atención el impacto en la eurozona.
Los gobiernos de las principales economías avanzadas afrontan un encarecimiento histórico de su deuda. Según publica infobae.com, los inversores están deshaciéndose de bonos soberanos y muchos países ricos ya pagan por financiarse más que en cualquier momento desde los años noventa o dos mil. La deuda pública de estas economías ronda el doble del PIB que a principios de siglo, lo que ejerce una presión enorme sobre los presupuestos.
Incluso antes de la última ola de ventas, se calculaba que este año los gobiernos destinarían el 8% de los ingresos fiscales al pago de intereses de la deuda neta. El envejecimiento de la población y el aumento del gasto en defensa agravan la situación. Ahora deben pagar aún más para refinanciar deudas pasadas, mientras siguen endeudándose sin apenas restricciones.
Parte de la caída del mercado de bonos responde a una buena noticia: la economía estadounidense crece con fuerza, con solicitudes de subsidio por desempleo bajas y un crecimiento que podría superar el 3% anual. Las empresas de inteligencia artificial compiten con los gobiernos por el capital para construir centros de datos, lo que empuja al alza los tipos de interés. A esto se suman presiones menos bienvenidas, como la crisis energética provocada por la guerra en Irán, que ha elevado la inflación.
«El presidente Donald Trump ha reflexionado recientemente sobre que la inflación puede reducir las deudas “muy rápidamente”»
Trump también ha renovado sus ataques contra la Reserva Federal por no bajar los tipos. En Francia, el candidato populista de izquierda Jean-Luc Mélenchon ha acusado al gobernador del Banco de Francia de traición. Los inversores en bonos perciben un peligro creciente de que los gobiernos utilicen la inflación para reducir el valor real de la deuda.
El impacto varía según el país. Estados Unidos cuenta con la ventaja de emitir la moneda de reserva mundial, pero su déficit presupuestario anual, en torno al 6% del PIB, es insostenible. Japón ha visto superar el 3% el rendimiento de su bono a diez años por primera vez desde 1996, aunque su deuda se reduce como porcentaje de la economía.
Europa es donde el riesgo de crisis de deuda es más intenso. El auge de la inteligencia artificial eleva el coste del capital, pero impulsa menos el crecimiento que en Estados Unidos. La dependencia de las importaciones energéticas lastra la economía, y una posible escasez mundial de gas natural licuado agravaría la situación si el invierno es frío.
Alemania, Escandinavia y Suiza mantienen sus presupuestos en orden, pero el Reino Unido, Francia e Italia se tambalean. Reino Unido ya sufrió una revuelta en el mercado de bonos en 2022 y su ratio deuda/PIB sigue creciendo. Italia tiene una deuda neta estable pero del 129% del PIB, frágil ante cualquier pánico. Francia es el país bajo mayor presión: se prevé un déficit del 5,4% del PIB este año y, según los cálculos de The Economist, si tuviera que refinanciar toda su deuda a los tipos actuales, la carga sería insostenible.
Para España, el escenario plantea un riesgo indirecto: una crisis de deuda en Francia o Italia elevaría la prima de riesgo de toda la eurozona y encarecería la financiación del Tesoro. Los próximos vencimientos de deuda francesa e italiana serán determinantes para medir la tensión real en los mercados.

