El Consejo de Gobierno del BCE descarta subidas de 50 puntos básicos y mantiene el precio del dinero en el 2,5%, la cota más alta desde marzo de 2025. Fuentes cercanas a Fráncfort anticipan nuevas subidas de 25 puntos, posiblemente en diciembre.
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener los tipos de interés en el 2,5%, su nivel más alto desde marzo de 2025, y descarta por completo subidas de 50 puntos básicos en el horizonte cercano. La información, avanzada por moncloa.com, apunta a que el Consejo de Gobierno que preside Christine Lagarde opta por movimientos más calibrados de 25 puntos básicos, con diciembre como una fecha probable para el próximo ajuste.
La decisión llega en un contexto de repunte inflacionista provocado por el cierre del estrecho de Ormuz y la guerra en Irán, que ha tensado los precios energéticos en toda la eurozona. Sin embargo, el órgano con sede en Fráncfort considera que el shock está siendo menos severo de lo esperado salvo en el terreno energético, y que las expectativas de empresas y familias siguen ancladas.
La propia Lagarde ha reconocido su sorpresa por lo poco que ha calado el golpe inflacionista en los alimentos y los salarios. Esa contención de los efectos de segunda ronda es clave para la estrategia del BCE, que evita comparaciones con 2022, cuando la inflación superó el 10% y el banco central llegó a subir los tipos 75 puntos básicos de golpe. Ahora, el precio del dinero está 150 puntos básicos por debajo de los niveles récord de 2023.
La diferencia con 2022 no es de discurso, sino de punto de partida: el BCE ya subió dos veces y elige ahora el ritmo.
El debate interno no es si subir o bajar, sino cuánto más apretar. Según los cálculos de los propios banqueros centrales, una o dos subidas más de 25 puntos básicos bastarían para entrar en restricción monetaria, la situación en la que las condiciones de financiación lastran el crecimiento. La cita de octubre está más abierta que las últimas, y la incertidumbre geopolítica mantiene esa puerta entornada.
A esto se suma el movimiento de la Reserva Federal, que la semana pasada subió los tipos y ha calmado la inquietud con la que Fráncfort miraba a Washington. El endurecimiento estadounidense tendrá efectos negativos sobre el crecimiento global por el peso del dólar, pero según fuentes monetarias ayuda a contener la inflación importada.
En España, el impacto es directo. El Euribor a 12 meses, referencia de la mayoría de las hipotecas variables, seguirá instalado en niveles altos mientras Fráncfort mantenga los tipos en el 2,5% o los suba otro escalón. Cada décima de más en el índice se traduce en decenas de euros al mes para las familias que revisan su cuota.
Las empresas tampoco se libran. La financiación bancaria se encarece, y sectores muy apalancados como la construcción, el turismo o la agricultura notan el freno antes que nadie. En el lado positivo, la banca española sigue exprimiendo su margen de intereses con el precio del dinero elevado. La paradoja es evidente: los mismos tipos que aprietan a las familias engordan las cuentas de los bancos.
Dentro del propio Consejo de Gobierno del BCE, el pulso es el de siempre. Los halcones del norte (Bundesbank, banco central neerlandés, austríacos) llevan meses empujando hacia una restricción más decidida, mientras los gobernadores del sur, España e Italia a la cabeza, prefieren no estrangular la recuperación con subidas que ya se notan en el crédito. Lagarde se mueve entre ambos, consciente de que cada reunión es un equilibrio entre la credibilidad antinflacionista y el riesgo de recesión.
La lectura para España tiene tres capas. La primera, el coste de la deuda pública: con los tipos en el 2,5% y el Tesoro refinanciando vencimientos cada año, cada mes de tipos altos encarece la factura de intereses. La segunda, el sector exterior: un euro fuerte por los tipos altos resta competitividad a las exportaciones españolas. La tercera, la política: Moncloa defiende en Bruselas un tono monetario más suave mientras la oposición reclama recortes de impuestos para compensar el golpe hipotecario.
El precedente de 2022-2023 es el que más repiten las fuentes monetarias. Entonces el BCE subió los tipos de cero al 4,5% en poco más de un año y España, con una deuda pública superior al 100% del PIB, fue uno de los países que más notó el vuelco en el coste de financiación. El actual ciclo es menos agresivo, pero más largo. La próxima reunión del Consejo de Gobierno del BCE será en octubre, y en ella se decidirá si se mantiene el ritmo actual o se opta por una nueva subida de 25 puntos básicos.

