El Banco Central Europeo no subiría los tipos de interés este jueves, pese a una inflación del 3,8%, porque la presión sobre la deuda de Francia y de otros países del euro pesa más en la decisión.
La inflación de la eurozona está en el 3,8% y la española ronda el 5%, muy por encima del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE). Pese a ello, de acuerdo con lo que informa abc.es, el consejo de gobierno del BCE previsiblemente no moverá los tipos este jueves.
El factor que más pesa es otro. Los inversores exigen más rentabilidad para prestar dinero a algunos gobiernos europeos, sobre todo a Francia, y la inquietud empieza a extenderse a otros países de la eurozona.
La rentabilidad del bono francés a diez años superó el 5,14% el 22 de octubre, su nivel más alto desde 2002. La diferencia con la deuda alemana alcanzó máximos no vistos desde la crisis del euro de 2011.
En España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) advirtió el 8 de octubre de que las condiciones de financiación se están endureciendo. Entre enero y agosto, el Estado español pagó unos 24.170 millones de euros en intereses de la deuda.
La inflación subyacente de la eurozona, que excluye energía y alimentos, ha oscilado entre el 2,4% y el 2,5% en los últimos meses. Los analistas creen que ese dato servirá de argumento a los bancos centrales para no subir los tipos.
En Estados Unidos, el deflactor del gasto de los consumidores, la medida de inflación preferida por la Reserva Federal (Fed), subió un 3,4% en agosto respecto a un año antes. Su tasa subyacente se situó en el 3,0% y lleva por encima del objetivo más de cinco años y medio.
«Incluso aunque existe una necesidad fundamental de actuar, es poco probable que ahora ambos bancos centrales cambien sus tipos clave», afirma el economista de Commerzbank, Marco Wagner.
El economista de ING, Carsten Brzeski, distingue entre la Fed y el BCE, porque en el caso europeo las señales de estancamiento son más claras.
«Hasta ahora hemos tenido poco o ningún aumento en la inflación subyacente; al mismo tiempo, tenemos el problema de Francia y el hecho de que el mercado de bonos ha asumido el trabajo del BCE», explica Brzeski.
El economista jefe de Berenberg, Holger Schmieding, también espera a diciembre. Según él, el encarecimiento de los bonos ya ralentiza la economía europea.
«Los rendimientos de los bonos y, por tanto, los costes de financiación para la economía europea han aumentado considerablemente, lo que está ralentizando la economía», sostiene Schmieding.
El BCE también usa como argumento su calendario. En diciembre presentará nuevas previsiones de inflación y crecimiento, con las que, según indica, podrá decidir con más base estadística. Lagarde deberá dar explicaciones a finales de octubre.

